SOBRE DOÑA JUANA C. ROMERO Y LAS MADRES JOSEFINAS, RECUERDO DE UNA EX-ALUMNA.

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Por Mario Mecott Francisco

Tomado de la Revista Dáani Béedxe

Amable Márquez (1905), tehuana ella, altiva y de abolengo legendario, fue de las agraciadas jovencitas que recibieron el beneficio educativo de la ardua tarea desempeñada por aquella gran mujer, patriota y benefactora de su pueblo, de Juana Cata, como la llamaron sus paisanos y respetaron sus enemigos políticos o, DOÑA JUANA simplemente; por el rango aristocrático que le había diseñado el sistema.

De lo que vio y recibió nos platica en estas páginas de DAANI BEEDXE, para seguir manteniendo esa rica tradición oral de nuestro pueblo. De las materias y oficios que se impartieron en el colegio de “Las Josefinas” donde asistió.

De que al finalizar el curso escolar era costumbre premiar a las alumnas más destacadas en conocimiento, disciplina y puntualidad con juguetes y banda de seda, para finalmente trasladarlas en grandes carreteras a la finca Santa Teresa de su propiedad, donde se producían azúcar de primera calidad, alcohol y panela.

Que en un recorrido por las instalaciones se les enseñaba el funcionamiento de las máquinas y el proceso de elaboración de los productos. De allí seguía el rompimiento de piñatas y, por último, el banquete que presidía su anfitriona. Hoy sólo quedan recuerdos de este centro que impulsó la educación en el Istmo, obra que ningún gobierno, ni aún con su escuela digna de solidaridad han puesto tanto empeño por darle a la educación buen recinto Juana Cata, bien vale la pena recordarla en labios de Amble Márquez.

…Lo que vi fue la otra, donde estuve yo con las monjas. Escuela donde vendieron ahora, la casa que esta frente a Fino Julián (Av. Juárez No. 23 que destruyó ELECTRA), la compró el “bigote” creo que dicen. Esa escuela fue de puras monjas, las monjas enseñaban por parte de Doña Juana, Las Josefinas, dicen que eran. Lo que no sé es en qué año murió ella bueno, como todavía no entendía bien, no te se decir que edad tenía yo.

De primer año es que ya me di cuenta, creo que todavía vivía ella. No sé qué mil novecientos murió ella. Yo nací en 1905, el 21 de diciembre. No te sé decir si tenía diez años, o si tenía doce, no te sé decir. A ella la llegue ver una vez, a Doña Juana, así como está en el parque (estatua ubicada en la parte norte del parque central Miguel Hidalgo); con su ropa así, que fue a visitar a la superiora.

Había una superiora que se encargaba de ver todo. Las madres ésas eran “Las Josefinas”, todavía usaban ese capirucho así (capelina) y gorra fíjate ¿Qué no hacía calor antes?, me acuerdo tenían un hábito y, luego ropa negra, después de negra hasta acá (tobillo), así enseñaban y tenían ese capirucho, yo le decía capirucho, pero es una cosa larga que se ponían y salían así (de frente).

De las monjas que estaban allí eran: La superiora es una, la de primero, la de segundo, la de tercero, la de cuarto, la de quinto, la de sexto y dos hermanitas, les decían ellas cocineras, porque hasta hacían dulce de coco que comprábamos a un centavo. Comíamos dulce de coco con panela, calientito. ¿Qué mil novecientos era?, quién sabe, como estaba niña todavía, estaba atrasada; pero sí me di cuenta y, un año nada más, ese año en que yo estaba de primero. Eso cuando nosotras fuimos a la finca (Santa Teresa), ella daba todo allí, nos daba comida cuando terminaba en diciembre la escuela.

En enero comenzaban las clases y terminaban en diciembre, era todo el día de mañana y tarde. En la mañana enseñaban a leer, escribir y hacer cuentas. En la tarde, había una tarde que enseñaban el rosario, el catecismo y, la que quería, otra tarde de costura. Ya estamos haciendo costura, calados en telas blancas, fundas y bordados con florecitas con seda. Comprábamos las madejas de hilo en la tienda de Don Camilo Romero, esa casona que está allí (actualmente Banco Serfín) veinte centavos la madeja eso era antes. Para las que querían clases de corte, clases de flores, había clases de piano, pero estas eran pagadas.

Allí aprendió Marina Gallegos a tocar la solfa. Una no podía porque eso era pagado con las madres. Lo gratis era lo que enseñaban en el día. En la mañana era puro estudio, puras clases y, en la tarde pura costura, puros trabajos manuales que le decíamos. Allí aprendí hacer calado en una tela blanca, sacábamos los hilos para que de allí se rellenaran. Nos enseñaban ellas figuritas así (pequeñas) con hilo de bolita blanca, no, todo eso ya no hay, hilo de bolita blanca le decíamos, quedaban muy bonitas.

Eso lo hacíamos al último del año para presentar en el examen. En medio metro de manta hacíamos ojal, marcar, poner botones, poner broches, remendar, todo eso nos enseñaban. Era escuela exclusiva para mujeres, antes no se revolvían, puras mujeres íbamos; ahora es que hay todo eso.

Yo salí de cuarto año. Allí estudiaron las hijas de Don Camilo, María Luisa Romero ya murió; las hijas de Don Margarito Viguera, de esa familia Mora. Tuvo sombraría el señor allí, en la esquina de Don Basilio, en la esquina para entrar en ese callejón que va por los “RUXHI”, cuando vivían por allí, allí vivían ese señor Don Carlos Viguera, de por allí eran. Se casó con una de las Moras y tuvieron dos hijas: Margarita y Clelia Viguera Mora, ellas estaban y esa Luisa, también estaba Lucía, de Jalisco, también ya murió; su papá era oaxaqueño, hacía pan. Aurora Matanche, de esa familia de María Chú.

Cuando terminaba el curso escolar se hacían comedias, allí participaban las muchachas que podían comprar su ropa como antes era pura pobreza, salían esa María Enriqueta Alcalá, ya murió también, esas Ortiz tocaba el piano allí, Matilde Ortiz y su hermana Carlota Ortiz. Esas iban allí a ayudar a las monjas a tocar el piano, Enriqueta Alcalá y esas Cajiga, ya Murieron también.

Una de esas Cajiga, hija de ese señor Cajiga, salían en la comedia, allí nos daban los premios. Ella (Doña Juana) mandaba de la tienda, daban de juguete un “niño”, de donde vienen cucharitas, todo eso como hay ahorita, todo eso es que daban.

Y te daban de aplicación si sabes, de buena conducta, nos daban ellas en la noche, cuando la comedia. Un año nada más es que agarre un “niñito” pelón de loza, de esos “niños” con su caja como Doña Juana tuvo tiendota. Pero no lo cuido uno, como la banda (que banda por puntualidad) que aunque “YÚDXU” (viejo, maltratado) estuviera ahorita, pero que viera ¿verdad?

Luego nos llevaban a la finca el fin de año a comer allí, un año nada más me tocó eso porque luego murió ella. Allí nos daban mole negro de gallina a todas, por eso conocí allí. Mi mamá no quería que yo fuera, que éste, que el otro, pero yo fui, fuimos. Venían puras carretas, como ella trabajó con todos esos mixtecos, todas esas gentes, mandaban carretas con un petate adentro, allí nos sentábamos.

Cada monjita cuidaba su grupo, los seis años iban allí. Si viviera esa Conchita Solana, Cleotilde Solana, también te diera datos, ellas estaban grandes allí, Angelina vive, pero quien sabe dónde está porque no la he visto en México creo, Angelina, de Don Cayetano Solana.

Como a las cinco de la mañana o seis ya estábamos allí. Nos llenábamos, íbamos todos los grupos, cada monja con su grupo. Un año me tocó, porque murió ella después, entonces allí nos servían banquete. Parecíamos chivas entre la finca ésa, por eso vi allí donde se molía la caña ¡qué bonito! Así se subía en el canal, se va con la maquinaria la caña cuando sacaba el azúcar, puros pilones, nada de kilo de azúcar. Nos daban de comer y una piñata para cada grupo, echaba ella frutas, dulces y unos centavos de esa plata que hubo de veinte.

De parvulitos de tal cosa, al otro grupo éste y, al más grande ese ya de veinte centavos. Nada más andábamos chiveando y nos llamaban a comer y después de la comida, más tardecita, es que ya nos veníamos otra vez, nos venían a dejar, como no había camión todavía, no había nada.

A nosotras nos agarraban en la escuela ésa, de allí ya se iban por “palo grande” (camino viejo a Oaxaca por Mixtequilla). En ese tiempo la finca tenía muchos trabajadores que estaban moliendo caña, que estaban sacando el bagazo, y todo, muchos trabajadores.

Yo la llegué a ver (Doña Juana) cuando fue a la escuela ésa, entonces allí entró, fue hablar con la madre superiora, la que hacía cargo de allí. Ese día la vi así como está ella con su retrato en el parque, ropa larga, todo así, fue cuando yo la conocí. Cuando falleció es lo que no me acuerdo quien la sostuvo (la escuela), si su hijo Don José Romero, quién sabe, pero si siguió funcionando.

Esa escuela desapareció cuando Calles, cuando pelearon que no hubiera catolicismo en las escuelas, corretearon a las monjitas, fue cuando se fueron, pero ya después las mamás de los niños y de las niñas (se refiere al colegio de varones patrocinado también por Doña Juana) formaron esa escuela que hay ahorita (ESC. PART. ISTMEÑA), para que no se fueran las monjitas, que ellas iban a pagar mensual para que se educaran sus hijos allí.

Cuando murió Doña Juana nos dieron una telita de florecitas blancas y negras para guardar luto los cuarenta días, nos regalaron la tela. Nos pusimos cuarenta días su luto.

No recuerdo más de su muerte, nada más oímos que se murió, nos dieron la telita y nos pusimos luto, medio luto, pero de allí como uno no comprendía antes, aparte ahora, si no, todo eso escribiera: hoy murió Doña Juana, hoy esto, hoy el otro.

Ahora mi mamá cuando sus tiempos (1880- 1978), no había escuela dice, una escuela del gobierno o de no sé quién, estuvo antes allí, a esa es que iban ellas, y eso medio iban, porque su mamá de ellas ni libro ni cuadernos quería comprar, si así era antes. La escuela estuvo donde está el Hotel Oasis, por allí estuvo, allí enseñaba esa señora de apellido Avendaño…

Guichivere, Teh., Oax., agosto de 1993.

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